Un proyecto español busca usar la bioluminiscencia de las medusas en el sector tecnológico

El científico español Rubén Acosta ha presentado en los encuentros del Foro Económico Mundial en Tianjin (China) un revolucionario sistema para utilizar las proteínas fluorescentes que se hallan en animales como las medusas para fabricar diodos emisores de luz (LEDs), ampliamente usados en alta tecnología.

Ante empresarios y líderes políticos de todo el mundo que esta semana se dan cita en el llamado “Davos de verano”, Acosta, posgraduado en Química por la Universidad de Valencia, ha subrayado que hay un nuevo futuro en la luz natural para los LEDs que hoy se usan en ordenadores, móviles u otros muchos productos de uso diario.

“Es un campo abierto para que expertos ‘de fuera’ del sector tecnológico, como los biólogos, puedan pensar en él, y eso es algo excitante”, ha destacado Acosta en su ponencia, que atrajo gran interés entre el público.

Itrio: materia prima escasa

Actualmente las luces LED, que han ido sustituyendo a las halógenas en la industria de la iluminación, dependen de una materia prima vital escasa para producir luminiscencia -el itrio, una de las llamadas “tierras raras”-, algo que según Acosta “no es sostenible” a largo plazo.

Además, un uso industrial de las proteínas fluorescentes podría abaratar los precios, destacó Acosta, quien lleva años trabajando en este proyecto con un equipo de investigadores en el Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Materiales.

El propio científico ha reconocido que durante décadas se había estudiado la fluorescencia de animales como las medusas y se había identificado la proteína causante de ésta, pero desde principios de este siglo se consideraba imposible aplicar estos hallazgos industrialmente. “Se pensó que no podían hacerse productos compatibles, pues es necesario que haya agua, y ésta es difícil de mezclar con los LEDs”, destacó el español.

Sin embargo, el equipo madrileño consiguió en 2015 sustituir el agua por un polímero que estabiliza el proceso e incluso puede generar distintos tonos de color en la luz emitida.

Hasta mil horas de emisión

A lo largo de este año el equipo investigador ha conseguido una estabilidad de hasta mil horas de emisión de los emisores de luz, aunque Acosta puntualizó que aún se necesitarían al menos 5.000 horas o más para poder pensar en un desarrollo industrial y comercial de sus avances. “Creo que el futuro es por una parte sostenible y por otra brillante”, concluyó el científico español.

 

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