Ser docente

Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy Jn. 13:13 (DHH)

Los años son maestros silenciosos que enseñan a meditar y nos obsequian un sabio fruto: la reflexión. En consecuencia me he decidido cotejar lo que se dice en los libros en contraste con la realidad, es decir, la teoría versus la práctica. Para apoyar mi decisión comparto una vivencia. En consulta, inquirí a un doctor imagenólogo: ¿Es verdad que el riñón del lado derecho es más pequeño? Él, muy parco contestó: Así se lee en los libros, pero en alguna ocasión pude constatar que los riñones de una persona tuvieron similar tamaño.

Lo antedicho me indujo a extrapolar que en las diversas profesiones podría ser válida esa conclusión. Una cosa es lo aprendido a través de las letras, lo contrario es enfrentarse a hechos reales. La teoría viene a ser la arcilla que se amolda a la praxis. En este contexto, me complace referirme a la docencia. Ser docente entraña una delicada responsabilidad. Va más allá del dominio de la pedagogía asimilada desde los textos. Está sobre el conocimiento científico del docente y el manejo de los procesos didácticos. Supera el campo de las TICs y análogas tecnologías de la educación. Se mantiene atenta a títulos adquiridos a nivel de pregrado o postgrado. Lo expuesto es necesario para ejercer esta profesión; sin embargo, no es lo suficiente.

El elemento primordial del docente es poseer una personalidad definida, tenaz, solidaria y comprensiva. De ahí derivará lo que detallo a continuación. Ser docente es disponerse a aprender algo nuevo cada día. Es deshacerse en palabras alentadoras y convertirse en corazón de madre en ciertas situaciones. Es bajarse a la altura de la pregunta de un niño y contestarla de manera sincera. En momentos parecerse a abuelos que miman y, otras veces, en padres que disciplinan. Ser docente es experimentar una vida entretejida de paradojas. Ser docente es sentir alegrías que se alternan con tristezas. Es muy agotadora la tarea del docente, pero produce un agradable sentimiento cuando se ha cumplido a cabalidad con el deber.

Fuente: Diario Correo

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