Señales en la misión “Casa Para Todos”

El sinceramiento de las cuentas nacionales llega acompañada de anuncios sobre el comportamiento al que se ajustarán el gasto y la inversión futuras en todos los niveles de gobierno: austeridad y priorización. Mas, el aparataje institucional que viene construyendo el propio régimen para acometer la misión “Casa Para Todos” no se compadece con ese espíritu.

Nuevos estándares gubernamentales no se lograrán con novísimos engendros burocráticos como la Empresa Pública, EP, Casa para todos; o la permanencia de otros fallidos, como la Secretaría Técnica de Prevención de Asentamientos Humanos Irregulares, STPAHI.

La dirigencia “empresarial” de la construcción en la provincia bananera objetó con tibieza, junto a representantes de colegios profesionales, la designación en la dirección del ministerio de vivienda, MIDUVI, por no cumplir con un perfil profesional supuestamente exigible, necesita ubicarse. Despistada como está pretendía embarcarse en la nave gubernamental ¿Notarían que la ministra de vivienda es una joven sicóloga? Si defendían una posición, por qué no objetaron la designación de la ministra? La ambiciosa meta del gobierno nacional de la misión “Vivienda Para Todos” requiere agencia efectiva y, a toda costa, evitar la “sarna”.

Una discusión (diálogo es la muletilla de actualidad) sensata sobre dónde, cómo y cuanta vivienda social construir en la provincia que acerque constructores y gobierno puede descubrirnos realidades territorializadas y convertirse en necesario aliento para la precaria institucionalidad de los constructores en la provincia.

Las fantasmales cámaras de la construcción de El Oro, que nadie sabe cómo ni quién las elige, deben obligarse a superar su sino de chantaje y práctica mendicante a título de la “representación”. El futuro de la misión “Vivienda Para Todos” en la provincia depende de una lectura efectivamente cierta de la realidad urbana y rural en la provincia.

Las señales que emiten las municipalidades, actores fundamentales de cualquier política de vivienda urbana debería preocuparnos: oscilando entre la sorna incrédula de Piñas, la burda demagogia en Huaquillas o la total indiferencia de Machala.

La superintendencia de ordenamiento territorial tiene, en el gran proyecto gubernamental, la oportunidad de estrenarse en su planeada minga con las municipalidades.

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