Pais Celos y redes sociales, una mala combinación

¿Quién es el que le dio me gusta a tu foto?, ¿por qué tu ‘ex’ sigue siendo tu amiga en Facebook? y ¿cuándo fue esa foto en la que te etiquetaron? son algunas de las preguntas que las parejas se hacen cuando tienen inseguridades y le dan una gran importancia a lo que pasa en el mundo digital.

Este escenario se da debido a que las redes sociales han cambiado hasta la forma en que se dan las relaciones interpersonales. Antes de que estas nuevas formas de comunicación se volvieran en el ‘tercero entre los dos’, había gente que armaba todo un operativo que involucraba persecuciones y hasta investigaciones de película para fundamentar sospechas de infidelidad.

Ahora, en cambio, solo basta una revisión exhaustiva del perfil del ser amado en una o todas las redes sociales a las que está conectado.

En esta época, inclusive, han surgido términos como ‘stalkers’, los cuales definen a personas que revisan constantemente las actividades de otros en la Web.

Alicia N. (nombre protegido) considera que su novio es uno de estos espías de las redes sociales porque siempre está revisando su perfil y hasta las fotos que suben sus amigos para saber si ella salió sin decírselo. “Por eso prefiero no tener Facebook. Me evita muchas peleas”, dice la estudiante de 22 años.

Aunque no está presente en esa red social, tiene perfiles en otras sin que su pareja lo sepa y publica constantemente. “No puedo confiar en él porque sus celos surgen sin motivos”, explica al comentar que cuando terminó con su enamorado y reactivó su cuenta de Facebook.

En ese tiempo, hizo un viaje con sus amigos y la etiquetaron en fotos. Dos meses después, regresó con su ‘adorado tormento’ y él le reclamó por las cosas que había hecho mientras no estaban juntos. Esta situación ha hecho que la universitaria tome actitudes distantes con sus compañeros de clase y amistades. Les alerta que no pueden etiquetarla en fotos ni compartir nada en su historial.


Privacidad. Las redes sociales tienen claves que solo deben ser conocidas por el usuario.

Acoso 2.0

Casos como el de Alicia N. se repiten con algunos jóvenes. Por ejemplo Carolina T., de 26 años, confiesa que alguna vez llegó a pagarle 100 dólares al novio de su amiga para que le ayudara a ‘hackear’ la cuenta de Facebook de su enamorado. “No lo volvería a hacer”, confiesa al aclarar que ahora entiende “que el único resultado de estar espiando a alguien es hacerse daño uno mismo”.

Desde peleas grandes hasta pequeñas suceden en la sociedad virtual y no solo son las redes sociales las que canalizan los conflictos.

También la mensajería instantánea provoca disgustos y se usa como una herramienta para la intimidación y el acoso.

Stefany L. (nombre protegido) tiene 23 años y hace tres estuvo a punto de denunciar a una persona que le escribía constantemente y la acusaba de haberse involucrado con el padre de su hijo.

Todo empezó cuando salió a comer con un amigo y, posteriormente, le agradeció por la reunión por a través de un mensaje de chat. “La novia de él reaccionó mal porque él le había dicho una mentira para salir”.

Stefany Recuerda que desde ese día recibió mensajes de un perfil de Facebook que notó que era falso.

“A veces me mandaban textos diciéndome que nos veamos y otras me decían que no me metiera con un hombre comprometido. Era totalmente contradictorio”, menciona la estudiante. Todo esto también le empezó a ocasionar problemas con su novio quien supo desde el principio cómo era la situación pero en un momento empezó a dudar.

Durante más de cinco meses, la pareja de su amigo solía revisar sus redes sociales, su teléfono e incluso llegó a utilizar el número de su suegra para intimidar a Stefany. Cuando la joven decidió pedirle explicaciones, ella lo negó todo pero después de mostrarle pruebas de lo que había hecho y advertirle que podían denunciarla, la involucrada admitió su responsabilidad.

Las cosas quedaron claras y ahora la joven sabe que un mensaje o un comentario son cosas que pueden provocar malentendidos o persecuciones en el mundo virtal. Ella cuenta esta experiencia porque cree que “nadie tiene el derecho de intimidarte ni invadir tu privacidad”.

Acciones ilegales

Para quienes están pendientes todo el tiempo de las reacciones de su pareja en redes sociales, las sospechas de infidelidad pueden ser indicios o falsas alarmas como lo que le sucedió a Stefany, pero, para estar seguros, algunos deciden contratar servicios de detectives que como primera prueba prometen revisar el historial de las conversaciones de una persona, aunque esta práctica representa un delito penado por la Ley.

Una de las páginas que promociona este ‘servicio’, ofrece recuperar todas las llamadas, mensajes, llamadas, chats, fotos y toda la información que guarda un teléfono solo con el número de celular. Este ‘trabajo’ puede llegar a costar hasta 300 dólares que se dividen en dos pagos, la mitad al inicio y la otra mitad al final. (PCV)

Hasta cinco años de prisión por violación de la intimidad

El Artículo 178 del Código Integral penal sanciona el uso de datos personales o acceso a cualquier información de una persona sin su consentimiento o la debida autorización legal. La sanción si se comete este delito es la pena privativa de libertad de uno a tres años.

El Artículo 230 de esta misma normativa también se refiere a delitos que involucran la interceptación ilegal de datos por la que la sanción es la pena privativa de libertad de tres a cinco años.

Consejos para proteger tu información

El experto en redes sociales y consultor digital, José Rivera, recomienda algunas medidas de seguridad para evitar problemas que se generan en el mundo digital pero que pueden convertirse en inconvenientes reales:

No compartas demasiados detalles personales.

Restringe el nivel de acceso de los contenidos solo para amigos.

No reveles estados de ánimo que puedan ponernos en una situación vulnerable.

No aceptes solicitudes de amistad ni chat de desconocidos.

Jamás aceptes encuentros con desconocidos concertados mediante redes sociales

No publiques ni envíes a otros fotos sugestivas que puedan ser utilizadas en sitios pornográficos.

Fuente: La Hora

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