¿Oscar para la Revolución Ciudadana?

El primer galardón para la Revolución Ciudadana en el Ecuador, escrita así con mayúsculas, es de hecho una marca registrada, elemento fundamental de la naturalización de sus atropellos. La creación de un derecho de propiedad exclusiva de sus imágenes, generadas en el marco del acontecer de las funciones públicas de sus dignatarios, es decir: no ha sido obstáculo para privatizar lo imprivatizable, como por ejemplos; las cuotas políticas que hoy actualmente ejercen cargos públicos y donde la meritocracia queda en teoría, alianza país practica una política estatal totalitaria que a medida que su propia organización va aumentando, su capacidad se ajusta a un control oligárquico. Prioriza la ampliación del poder incorporando al mayor número posible de miembros, terminando como una organización metódica de masas electorales que procura a sus miembros con el fin de obtener, segundo la ley de comunicación basada en escudo protector del Estado central.

El segundo galardón es decir una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, es una falacia decir que el déficit comercial es una amenaza para la dolarización. “la principal vulnerabilidad de la economía ecuatoriana está en el sector externo”. Esta lógica justifica la continuidad de medidas para restringir importaciones: salvaguardias, normas técnicas, cupos, aranceles elevados, entre otros y actualmente la matriz productiva en el ecuador no se refleja en los territorios con una reforma agraria demasiado ambigua los cambios estructurales aún no se consolidan.

La Revolución empezó a tambalear cuando empieza a reducir el déficit de cuenta corriente, bastaría con reducir el nivel de inversión pública priorizando obras sustanciales hasta equilibrar el presupuesto fiscal. Inmediatamente desaparecería el déficit de cuenta corriente, pero esto también significaría que el país reduciría su ritmo de acumulación del stock de capital. El dilema es: acelerar la inversión tolerando un mayor déficit de cuenta corriente, o buscar cerrar ese déficit reduciendo el ritmo de inversión.

Es hora de acabar con el mito de que el déficit comercial es una “amenaza” para la dolarización que se “soluciona” con restricciones comerciales. La única salida sostenible para reducir el saldo comercial negativo es controlar el desbocado déficit fiscal reduciendo el gasto público. No insistan en pasar a los ciudadanos la cuenta de los futuros desequilibrios que se crearan por el gobierno forzándonos a reducir el consumo y la inversión privada.

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