Siete privados de la libertad ganan concurso escribiendo sus historias

Encontrar la inspiración para escribir una historia mientras se cumple una sentencia de prisión parecería difícil e incluso imposible. Sin embargo, la sensibilidad, valentía y, sobre todo, determinación de tres mujeres privadas de la libertad (PPL) en el Centro de Rehabilitación (CRS) de Latacunga, conmovieron, a través de interesantes relatos, al jurado del concurso “Nuestras propias historias”.

El evento lo promovió el Ministerio de Educación a escala nacional para motivar a la comunidad educativa a compartir sus memorias y anécdotas. La iniciativa se dio a conocer a 1.500 ppl, que reciben clases en la Unidad Educativa Monseñor Leonidas Proaño, que funciona al interior del CRS Latacunga.

La propuesta fue acogida por los internos que presentaron 40 relatos, de los cuales siete resultaron seleccionados para formar parte de la primera edición de “Nuestras propias historias”, proyecto que se imprimirá en el segundo semestre del presente año y recopilará los textos seleccionados.

“Encontrar un hogar”

Esta frase revela el deseo más preciado de Gabriela, quien a sus 31 años conoce perfectamente los peligros y penurias que se viven en la calle. Esa suerte de existencia le significó un año de sentencia en la cárcel. “La calle también es una escuela, así como es la prisión”. Ella participó con el relato titulado: “Ya encontré un hogar”, que resultó seleccionado.

La historia recoge una parte de su vida junto con las consecuencias de ser una consumidora de droga y el resurgimiento de la esperanza una vez dentro de su confinamiento en una celda. Está próxima a cumplir su sentencia y le inquieta saber que se acerca su salida del CRS. Y es que, en su encierro, halló razones para no querer salir de prisión.

Hoy tiene amigas, estudia y conoce la palabra de Dios. El encierro la obligó a dejar de consumir drogas, no volvió a dormir en las calles y abandonó la indigencia. “A pesar de estar tras las rejas, aquí conocí la verdadera libertad, aquí encontré un hogar”, declara Gabriela. Afirma que el concurso permite decirles a quienes se encuentran libres, que los ppl aún valen, que no son tan malos y tienen oportunidades de ser alguien importante. “Y un pedazo de papel nos puede cambiar la vida”. No descarta dedicarse a escribir.

Una historia para reflexionar

La vida de Angélica podría ser el guion de una historia de película. Su acción delictiva inició en Londres y a partir de allí, el tráfico y el consumo de droga fueron sus mecanismos de existencia. Fue secuestrada en dos ocasiones por el crimen organizado y aún no concibe cómo salió viva, “definitivamente fue Dios”. Angélica nació en la provincia de El Oro, tiene 39 años y estudió para Auxiliar en Enfermería. Tiene dos hijos, de 19 y 11 años.

Recuerda que antes de estar recluida se la diagnosticó como “adicta crónica”, debido a que dependía de la cocaína en todo momento: hasta que rebasó su límite. “Un día toqué fondo debido a la adicción, sentía que iba a morir y en medio de mi desesperación le imploré a Dios que me ayude a dejar la droga, porque no podía seguir viviendo así”.

Fue detenida en Londres, y más tarde deportada a Ecuador. Lleva “limpia” varios años y cada día es una conquista de supervivencia. Decidió invertir su tiempo en prisión y por esa razón se inscribió en el programa de alfabetización “Todos ABC”, ofertado por dicha institución. Afirma que el concurso la obligó a hacer un ejercicio de catarsis para reflexionar en sus errores pasados y ponerle metas a su futuro. “Escribir esta historia me permitió demostrarle a mi familia de que soy capaz de enmendar. Solo mi cuerpo está detenido, mi mente, no”.

Estudiar, una forma de ser libre

Sus ojos celestes, claros y vivaces revelan las ganas de vivir de Dayana, de nacionalidad colombiana, con 33 años y estudios superiores en Ingeniería. La convocatoria del concurso le permitió contar su historia al estilo de una fábula. “Anécdota ecuatoriana”, narra su vivencia en el país, pero recreada en un ambiente de ficción.

Entre duendes, princesas y hadas pudo expresar sus anhelos a futuro; la parroquia Mindo fue el escenario para desarrollar su fantasía de ensueño e ilusión. Al momento cumplió 22 meses de sentencia por fraude fiscal y está a la espera de trámites legales para obtener su libertad muy pronto. “Volver a estudiar y escribir me hace sentir libre”. “Saber que mi historia será leída por otras personas me pone contenta, me hace sentir orgullosa de mí”.

Unidad educativa

La Unidad Educativa Monseñor Leonidas Proaño funciona en dos bloques internos en el CRS de Latacunga. Alberga a 1.500 ppl, entre hombres y mujeres. 51 docentes se distribuyen las cátedras a ser impartidas a estudiantes que cursan las ofertas de Educación Básica y Bachillerato.

Adicionalmente se desarrollan los programas de Educación Básica para Jóvenes y Adultos (EBJA) y la campaña de alfabetización y educación básica Monseñor Leonidas Proaño “Todos ABC”.

Apoyo tutorial y preselección

Liz Viteri, analista distrital para Personas con Escolaridad Inconclusa PCEI, del distrito educativo Latacunga, junto con los docentes se acercó a los privados de libertad para motivarlos a participar. Indica que se realizaron procesos de tutorías entre docentes y estudiantes para ensayar los estilos de las narrativas. La mayor parte eran relatos personales, pero también hubo creación inédita, memorias y leyendas locales.

Posteriormente, los trabajos se entregaron a los profesores coordinadores y luego fueron evaluados por un comité interno conformado por los docentes y técnicos de cada establecimiento participante. Una vez preseleccionadas las historias se derivaban a las direcciones distritales y la coordinación zonal. Finalmente el jurado aprobaba o no los relatos. Los privados de la libertad están pendientes de la publicación y esperan la primera edición impresa. (I)

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