¿CÓMO COMBATIR LA INSEGURIDAD?

(RZHM).-Cuando hablamos de inseguridad nos referimos básicamente al constante peligro que sufrimos de perder la vida en manos de delincuentes que actúan con excesivo arrebato, a sangre fría, para apoderarse de lo ajeno. Alguien de nosotros lo padeció en carne propia, o sufrió de cerca un crimen, un robo o algo semejante.

Diariamente los medios de comunicación difunden sucesos de esta naturaleza: “Intentan robarle la camioneta a un matrimonio y terminan baleando a la mujer”. “Arrebataron la cartera e hirieron a una mujer”. “Tres adolescentes asaltaron a una joven con un cuchillo y resistieron el arresto”. “Detienen a un adolescente, lo reintegran a sus padres y a las horas vuelve a robar”. “Apuñalan a un hombre para robarle la billetera”.

Podría transcribir páginas enteras de titulares referidos a hechos delictivos acontecidos solamente en los últimos meses. Si contabilizáramos hechos ocurridos con anterioridad y los que seguirán ocurriendo, tendríamos volúmenes enteros con siniestras descripciones de crímenes y absurdas muertes que suponemos debían haberse evitado.

Es una situación triste, lamentable, que una persona condene su alma por matar a otra para robarle el celular, el auto, cien dólares o un par de zapatillas. Una situación demasiado absurda para que provenga de un solo hombre. Tremendo acto de barbarie debe necesariamente estar sostenido por un sistema de vida, un orden de cosas, que nos condujo a un estado de tan profunda y general degradación que es imposible explicar la inmoralidad de un hombre sin acabar por denunciar el conjunto. Esta es la conclusión a la que he llegado respecto a la inseguridad.

¿QUÉ DEBEMOS HACER?

Debemos considerar que la causa de la inseguridad no es la pobreza, la falta de trabajo, de educación, la ineficacia de la justicia o la incapacidad de jueces y policías. La causa y raíz de la inseguridad es la violencia. Y la violencia no se refiere a un concepto sino a una multitud de formas, de las sangrientas a las pacíficas, de la bomba a la disciplina de la fábrica, del asesinato de un loco a la existencia del actual sistema económico de explotación.

La raíz de la violencia es el desprecio por la no violencia, que es resistencia contra toda forma de injusticia, la afirmación del amor, la colaboración con el bien y la convicción de todos los hombres somos hermanos. En la violencia se funda nuestro actual sistema de vida. En la violencia nos educan. Por medios violentos estamos obligados a trabajar para conservar la vida.

De manera involuntaria o deliberadamente cooperamos y encubrimos la violencia que sostiene nuestro actual sistema de vida. Sin embargo, pedimos protección y paz. Ahora bien, ¿qué debemos hacer para no vivir con base en la violencia y llevar una convivencia pacífica con nuestros semejantes? La respuesta es sencilla: dejar de vivir como hasta ahora hemos vivido puesto que la forma de vida que llevamos tiene su origen en falsas concepciones y se construye con base en la violencia. Si deseamos paz social y seguridad, comencemos por no encubrir la violencia en ninguna de sus formas.

Sólo entonces estaremos en condiciones de emprender acciones ciudadanas contra la inseguridad y podremos exigir a nuestros gobiernos medidas eficaces para solucionar el problema de la violencia urbana. Entre las acciones que podemos asumir de manera individual y colectiva son:

1.Purificarnos de todas las falsas ideas que hemos señalado anteriormente y comprender que encubrir la violencia es aumentarla.

2.Dejar de cooperar con cualquier política represiva, de mano dura, puesto que su finalidad es conservar el actual orden social y económico que condujo a las sociedades humanas a la violencia, el caos y la inseguridad.

3.Reprobar el capitalismo depravado que conduce a modos de vida y de producción basados en la explotación del hombre por el hombre.

4.Planear acciones con organizaciones civiles, no gubernamentales, asociaciones de vecinos, etc. para que los miserables excluidos cuenten con los recursos materiales y espirituales que les permita integrarse a la vida comunitaria con la dignidad de los pobres voluntarios.

5.Planear acciones inmediatas con vecinos, organizaciones civiles, instituciones, gobiernos, etc. que permitan contrarrestar la inseguridad mediante la instauración de un sistema de vida basado en la no violencia.

CONCLUSIÓN
Seguramente muchos considerarán que lo aquí expuesto son meras generalidades utópicas. Que la sociedad requiere acciones concretas y efectivas contra la inseguridad. Angustiados y temerosos continuaremos exigiendo leyes más duras, más policías en las calles, más cárceles, más escuelas, más industrias, más riqueza…

En definitiva, más de lo mismo. Sin embargo, esto es ver la rama y olvidarse de la raíz y “el que observa la rama y olvida la raíz se pierde”, dice Gandhi, con absoluta razón. Sólo observamos la rama y andamos perdidos. Y continuaremos perdidos si no reconocemos que la verdadera causa de la inseguridad es la violencia y no deseemos suprimirla renunciando a la violencia personal, a la enseñanza sistemática de la violencia y a toda justificación de la violencia.

Ahora bien, si nos parece que todo esto es una tarea titánica, utópica e ineficaz; o son ideas que provienen de teorías fracasadas y caducas. Si nos resistimos a hacer lo que a todas luces es natural y urgente argumentando que es imposible modificar en absoluto nuestro actual sistema de vida, que la no violencia es una lógica invertida y perversa donde los malos no son tan malos y los buenos no tan buenos.

Es decir, si nos negamos ver el árbol desde la raíz, resignémonos entonces a perecer en manos de los delincuentes o sucumbir víctimas de una falsa vida.

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