La larga noche

Con los señuelos de acabar con la larga noche neoliberal, de perseguir a los banqueros corruptos, de gobernar con personas de manos limpias de mentes lúcidas y corazones ardientes, de cantar con fanatismo la canción del comandante Che Guevara y entonar con lágrimas en los ojos Patria tierra sagrada, los políticos mejor pagados de la historia, encolumnaron al pueblo frente a las urnas y le hicieron decir SI en cada convocatoria, con lo que consiguieron armar un laberinto de poder político-económico, cuyos candados y cadenas nos llegaron incluso a querernos obligar a pensar como a ellos les convenía, so pena de sufrir privación de libertad o el destierro. Lamentablemente fueron demasiados los que callaron y muchos los que se arrodillaron. Es decir, adoptaron la actitud de perro en barrio ajeno. Hoy cuando parte del peligro ha desaparecido, nuevamente asoman los defensores de la democracia y claro está, quieren ser otra vez protagonistas porque las urnas ya mismo aparecen con sus bocas abiertas en los recintos electorales.

La Patria es verdad que está cambiando de nombres y de hombres, pero no alcanzamos a divisar que cambie de rumbo, la larga noche neoliberal, se convirtió en la larga noche de la corrupción y para vergüenza universal, tenemos un Vicepresidente elegido por el pueblo, sin funciones y ahora sin libertad, todo bajo la mirada “acusadora” de su compañero de fórmula electoral.

La apertura al diálogo con el sector productivo lentamente va perdiendo fuerza, los sabios de la política económica del gobierno anterior, unos han sido ratificados y otros han sido reubicados, la consulta popular no sabemos si es para apuntalar la nueva revolución o para retomar los caminos democráticos que anhela el pueblo. Las investigaciones para hacer el seguimiento de la larga cantidad de dólares robados, observamos que ya está cayendo en manos de las inefables comisiones y los juicios para encontrar a los robones cada día son más lentos y tal parece que al igual que en los delitos del narcotráfico, solamente aparecen y se sanciona a los que venden al menudeo y los capos disfrutan de la riqueza y la impunidad.

Queridos lectores: tratemos de ser felices pero no ignorando lo que le ocurre al País, sino reclamando lo que nos pertenece, es hora de que nos tapemos las orejas y pelemos las pepas.

Fuente: Diario Correo.

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