El caso de la joven rusa asesinada con un puñal en Argentina: para la Justicia no fue feticidio

El 11 de octubre de 2016 Natalia Grenbenshicova tenía tan solo 15 años. Aquella joven rusa estaba tomando mate —una infusión con yerba típica de Argentina, entre otros países— con Nuria Couto, su amiga de 18 de esa nación sudamericana, en el parque Irala de la Ciudad de Buenos Aires, a unas dos cuadras del estadio de Boca Juniors.

De repente, Mario Bonetto, un veterinario de la provincia de Córdoba, apareció en la escena con un cuchillo, y para el resto de esta historia macabra no caben sutilezas: Couto recibió 17 puñaladas y Grenbenshicova cuatro, en distintas partes del cuerpo. Tras haberles realizado varias intervenciones quirúrgicas, Nuria murió el 5 de noviembre del mismo año, mientras que Natalia falleció el 24 de aquel mes, ambas en el Hospital Argerich, un centro médico público de la capital.

A la hora de resolver esta clase de crímenes, dentro del sistema judicial argentino existen varias etapas y la primera de ellas se llama instrucción. En aquella parte del proceso, el juez recibe la acusación y determina si existen los elementos necesarios para juzgar al sospechoso y en caso de que sea así, se eleva el caso a juicio. En este caso, la magistrada Wilma López consideró, a tan solo dos meses del ataque, que Bonetto no gozaba de una óptima salud mental cuando utilizó su navaja y por ello no se lo podía juzgar.

¿Inimputable?

En otras palabras, la Justicia local reconoció que él fue autor de las agresiones letales, pero lo declaró como “inimputable” y ordenó su internación durante 25 años en el Programa Interministerial de Salud Mental Argentino (PRISMA) del Complejo Penitenciario Federal número 1 de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires. Así las cosas, la Cámara del Crimen revocó esta consideración. Sin embargo, la jueza volvió a resolver de la misma manera: consideró que el agresor no gozaba de sus facultades mentales y, por lo tanto, debía ser privado de su libertad en este centro, pero no en una cárcel común. En el ámbito jurídico, en estos casos se sostiene que el sospechoso tiene falta de conciencia o involuntariedad, es decir, que no comprende la realidad por algún tipo de enfermedad.

Natalia Grenbenshicova realizando gesticulaciones en Puerto Madero, Ciudad de Buenos Aires. / Cortesía de Anna Rodionova

No obstante, las querellas —partes legales del litigio que representan a las familias de las víctimas— y la fiscal Susana Calleja —funcionaria pública que representa el interés del Estado por resolver el crimen— apelaron esta segunda resolución y la Cámara volvió a ordenarle a la magistrada que revisara su decisión. En efecto, para la fiscal y los abogados de las chicas asesinadas el veterinario cordobés estaba consciente cuando perpetró el ataque y por eso debería ser enjuiciado. Ello se constató en una junta médica, donde se pudo determinar que Bonetto debería ser sometido a un juicio oral, que se está desarrollando actualmente.

Desde la postura de los acusadores, se considera que el cordobés debería ser tratado como un asesino y victimario, y no como un enfermo mental. De lo contrario, temen que pueda ser puesto en libertad antes de tiempo y así andar por las calles sin antecedentes.

La clave de esta etapa es que no importa todo lo que se haya determinado anteriormente. El juicio comienza ahora, es decir que las chances de que Bonetto sea considerado un demente, y en consecuencia, no se lo pueda condenar como un asesino, siguen latentes. Las otras dos posibilidades son dictar una condena o una absolución, según la consideración de los nuevos magistrados a cargo del caso en esta parte del proceso. De todos modos, sin lugar a dudas que haber llegado hasta esta instancia, tras todos los obstáculos, es un gran mérito, aunque ello no alcanza para las familias de las víctimas. Así las cosas, se espera que en este período declaren 50 testigos que puedan aportar datos sobre el siniestro o la personalidad del acusado.

“El odio a las mujeres”

Liliana Brysiuk, la abogada que representa la memoria de Natalia Grenbenshicova, nació en la Unión Soviética y llegó a la Argentina cuando tenía 19 años. Su intención es que el apuntado reciba la cadena perpetua, y en ello deposita sus esfuerzos, trabajando sin recibir remuneración alguna. Según explica, el expediente está caratulado como “homicidio doble y tentativa de homicidio”. Pero, si un hombre acuchilló reiteradas veces a dos mujeres, situación que les produjo la muerte, ¿por qué no califica como un femicidio?

“Normalmente estos casos se dan en ámbitos familiares, o donde las personas se conocen entre sí —agresor y víctima—. Algunas veces pueden darse ataques contra terceros, por el odio hacia la mujer en general, pero en este hecho hubo una expectativa de homicidio también hacia un varón, así que echa por tierra la figura de femicidio. Ese es el planteo de la defensa: que Bonetto atacó a dos mujeres, pero no tuvo asco de atacar a un varón, pero a este no lo alcanzó”.

Natalia Grenbenshicova realiza el símbolo de la victoria. / Cortesía de Anna Rodionova

En efecto, un amigo de las jóvenes que estaba en la escena del crimen comenzó a gritar para pedir ayuda cuando presenció el ataque, razón por la cual el aparente asesino comenzó a perseguirlo: “Esa tentativa de homicidio, contra un varón, no nos permite plantear el femicidio. Pero claramente decimos desde un principio que su actuar es el odio a las mujeres. Por muchos testigos pudimos determinar su intolerancia”, comenta la letrada. Por ahora no se conoce que el acusado tenga antecedentes penales, ni tampoco psiquiátricos.

De Rusia a la vida judicial en Argentina

“Mi nombre es Anna Rodionova, mamá de Natalia Grenbenshicova, la chica asesinada“, así se presenta la entrevistada de 44 años, reflejando que el crimen marcó para siempre su identidad. En el pasado vivía en Moscú, pero su estilo de vida no le gustaba demasiado: “En Rusia era contadora, mamá soltera con dos chicos, ganaba bastante plata pero no había nada más”, explica. En el 2005 llegó a Buenos Aires, atraída por el tango, como cualquier turista. “Me encantó la ciudad. Era la época kirchnerista y me gustó mucho la manera de vivir”, recuerda. En Sudamérica trabaja de muchas cosas: “Soy conductora de Uber, traductora y guía turística”, enumera. Cuando otros compatriotas llegan a la capital argentina por primera vez, se contactan con Anna para recorrer el mundillo del tango. Sin embargo, aclara: “Acá es difícil conseguir ‘laburo’ —trabajo—”, hablando como una porteña.

Aunque extrañe a la familia y sus antiguos amigos, afirma que no le gustaría regresar a su tierra de nacimiento. Además, sus hijos se adaptaron rápido a este lejano país latinoamericano. Hasta el asesinato, la familia estaba contenta con su pasar en Argentina. Natalia, la víctima, transitaba la escuela secundaria en un colegio estatal dedicado a las artes: “Ella quería estar para siempre acá”, recuerda la madre.

Sorpresivamente, palabras como querella, juicio de primera instancia o inimputabilidad se sumaron al vocabulario de Rodionova, quien se encuentra en un país con un marco jurídico distinto al ruso. Sin desearlo, está inmersa en medio de un proceso penal. Ahora siente profunda decepción por la Justicia de este país del Cono Sur, y cuando habla sobre aquel sistema legal, insulta como una lugareña más: “No tiene valores de humanidad”, resume. Además, continúa con su lenguaje argentino: “Si veo una injusticia, hago ‘quilombo’ —alboroto— y voy con todo”. Nunca es fácil asimilar la burocracia judicial, pero ese empuje ya logró sortear grandes barreras.

Anna Rodionova, madre de Natalia Grenbenshicova, es entrevistada por RT en la capital argentina. / Leandro Lutzky / RT

Por otro lado, la entrevistada comenta que siente orgullo por las movilizaciones feministas de este país, aunque aclara que no recibió ningún llamado para demostrar solidaridad o acompañamiento, salvo por el grupo ‘Furia Feminista’. En ese sentido, destaca que la única persona que la ayuda es la abogada, quien trabaja gratis, y los compañeros de la escuela de Natalia, que no faltan a ninguna audiencia del juicio oral. “Unos chicos maravillosos”, asegura, con algunas lágrimas saliendo de sus ojos.

“Es todo lo que me queda”

Rodionova siente esperanza de que pueda haber una condena, pero “el balance de fuerzas es difícil”. Desde su punto de vista, la Justicia sigue teniendo un sesgo machista, incluso en resoluciones de magistradas mujeres. Ahora la decisión depende de tres jueces, “pero el juicio es público y puede entrar la gente que quiera a la sala”. Desde ese enfoque, añade: “Mentir delante de todos sería más difícil”. La difusión del caso, para ejercer presión social en la determinación judicial, es fundamental para esta mamá.

En ese sentido, el martes 3 de julio tuvo lugar la cuarta audiencia, y “hasta ahora declararon los transeúntes de la plaza, los policías, los médicos que atendieron a Bonetto —quien terminó con la navaja clavada en su cabeza al momento de la agresión ya que otros civiles intervinieron, pero sin grandes heridas— y sus padres”. Todavía faltan los peritos, donde se depositan las esperanzas del agresor para demostrar sus posibles problemas mentales.

“Salió a matar mujeres”, sentencia la madre, que promete no descansar hasta ver al acusado tras las rejas. “Es todo lo que me queda”, sostiene.

Leandro Lutzky

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