El anillo

Los “chullas quiteños” del pintoresco barrio de Chaupicruz de la ciudad de Quito, jamás soñaron que un rubio australiano como Julian Assange se alimente con chulpi y chocho como ellos. Estos milagros únicamente ocurren cuando “avanza” la corrupción de la revolución ciudadana, que actualmente está empeñada en brindarle un “anillo de protección” al flamante “ecuatoriano”. Vistiendo “la piel del Ecuador”, nos sorprendió a todos que el acusado en Australia por delitos sexuales, acusado en Estados Unidos de haber robado información reservada y acusado en Inglaterra de haber violado una medida de cautelar de libertad, resulte ser prominente hombre que ha prestado servicios relevantes al País.

En el actual gobierno, algo raro está pasando porque al Ing. Jorge Glass le suspendieron el juicio político y también tiene “anillo de protección”. Al Ec. Rafael Correa ni siquiera lo llaman a rendir una versión y también tiene “anillo de protección”, a los “revolucionarios” implicados en los delitos que se investigan, nadie hace nada para traerlos al País o que “cuenten lo que pasó” los que está aquí, o sea que también tienen “anillo de protección”. Los datos del “nuevo ecuatoriano” que menciono en éste artículo, constan en el Registro Civil y para indignación nuestra, se consigna que se trata de “una naturalización” y que don Julian Assange (Julio Asanza en castellano) declara no tener NINGUNA preparación y que además, no tiene NINGUNA profesión, lo que implica que además de tener que alimentarlo gratis, también nos hemos hecho cargo de un analfabeto y de un pobre hombre que se va a sumar a los millones de desocupados que existen en el Ecuador.

La Canciller María Fernanda Espinoza violó la confianza ciudadana, la Constitución del estado y las normas internacionales, por lo que cabe preguntar a qué se debe tanto interés en proteger a Assange o es que debemos prestarle atención a las declaraciones de Eduardo Mangas, ciudadano nicaragüense y ex secretario de la Presidencia, quien afirmó que la revolución ciudadana no ganó ni en la primera ni segunda vuelta y que el famoso apagón en pleno conteo de votos no fue hecho fortuito.

Momentáneamente culpemos a la maldita duda, que a veces nos hace imaginar mucho más de lo que en verdad sucede.

Fuente: Diario Correo

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