Jorge Barraza | Fantástico: España 3, Cristiano 3

Volcánico, emotivo, fragoroso, cambiante, jerárquico, imperial… Si Rusia y Arabia Saudita inauguraron formalmente el torneo, un día después España y Portugal abrieron las puertas, levantaron las persianas y parecieron decir: pasen, este es el espectáculo más grande del mundo, su majestad el fútbol. Aunque transcurran muchos años lo recordaremos en detalle: España 3, Portugal 3. Nos reflotó en la memoria aquel inolvidable Alemania 3, Francia 3 del Mundial 1982, tiempos de Platini, Tiganá y Giresse por un lado; de Rummenigge, Littbarski, Stielike por el otro. En esos años no era tan habitual hallar ese tipo de perlas futboleras y ello contribuyó, sin duda, a eternizar su evocación.

Desde el plano emocional fue preciosamente amateur, España y Portugal lo jugaron como un desafío de barrio, entregando todo, poniendo el alma en cada jugada, sin medir la pierna ni especular en ningún sentido. Todo a ganador. “Es el gran clásico de la primera fase”, opinaron muchos analistas. Respondieron al vaticinio en un 200 por ciento. Siempre decimos que el fútbol es mucho más que 4-3-3 o 4-4-2, es una montaña rusa que se traga esquemas y previsiones. Entra a jugar el corazón y se pierde la disciplina táctica, pero es una anarquía fascinante.

Apenas a los 2 minutos llegó la primera erupción de la noche en Sochi: Cristiano Ronaldo amagó a Nacho, su compañero del Real Madrid, buscó pasarlo en velocidad y Nacho le cometió un claro penal que no se entiende por qué lo protestan jugadores y medios españoles. Nacho le cruza la pierna y lo toca sin pelota. Indiscutible.” ¿Por qué no actuó el VAR en el penalti de Nacho a Cristiano Ronaldo?”, se preguntaron los medios españoles. Porque no hacía falta. El mismo Nacho lo reconoció a posteriori: “Sí, lo toqué”.

Y si de un penal es posible convertir un golazo, Cristiano lo hizo: brillante ejecución, fuerte, alto y esquinado. Absolutamente inatajable. Para pasárselos a los chicos en los colegios con el título “Cómo patear un penal”. Determinación, técnica y nada de dudas.

Allí devino lo imaginable: La Roja, tocada, fue arriba con furia (y fútbol) y generó varias situaciones de gol. Fernando Hierro (Lopetegui se hizo millonario, pero lo tuvo que mirar por televisión) alineó a cinco tocadores en el medio: Busquets, Koke, Iniesta, Isco y David Silva, toda una fábrica de fútbol. Y el único punta, Diego Costa, agradecido.

Un remate de Silva que dio en el travesaño y pegó en la raya, pero no entró. Otra vez lo tuvo Silva tras exquisita combinación Jordi Alba-Iniesta, pero elevó mucho el remate. Hasta que el volcán echó otra lengüeta de fuego. Gran pase en profundidad de Busquets a Costa, el brasileño, al bajar la bola, le metió un suave manotazo a Pepe en la cara (de los que Pepe hace una docena por partido) le amagó tres veces al central José Fonte y sacó una bala abajo, cruzada, imposible para Rui Patricio y para cualquier otro ser humano. Golazo y 1-1. España siguió buscando y encontrando agujeros para marcar, pero le faltó un poquito de suerte y otro de puntería.

Y cuando expiraba el primer tiempo, Cristiano Ronaldo convirtió una piedra en petróleo: de una jugada sucia en el jardín de enfrente de España, le cayó una bola que no era ni fu ni fa, pero la hizo fu y fa. Sacó un zurdazo bajo, recto, sin acomodarse, priorizando la rapidez que es hermana gemela del factor sorpresa; la bola se le escurrió entre las manos a De Gea (las puso muy mal) y se le fue al fondo de la red. Gol de arquero.

El volcán volvió a toser. En el segundo acto, España volvió como toro herido, todo valentía y amor propio, a embestir con fútbol, también con carácter. Y en tres minutos y veinte segundos, de los 54 minutos y 10 segundos a los 57m y 30s, volcó el resultado. Primero, un tiro libre precioso y preciso de David Silva que cruzó toda el área portuguesa, Busquets (extraordinario como siempre), ganó en el salto y la metió al área de cabeza; Diego Costa, debajo del arco, no tuvo más que empujarla.

Y luego Nacho se reivindicó de su penal con un golazo esplendoroso: pescó un rebote en el borde del área y la empalmó suave con el borde derecho del empeine para que la pelota haga red a dos bandas, rebote en un palo, en el otro y aaaaadentro… España 3-2. Más lava, el volcán ya estaba desatado.

Pero faltaba más… En el minuto 88, Gerard Piqué, ese hombre que es empresario, vocero, político, periodista, contestatario, rey de las redes sociales, líder (que ahora es tan importante) y, en los ratos libres, zaguero, cometió una falta infantil a Cristiano a cinco metros del área. Que tratándose de Cristiano puede ser un penal con barrera.

El fabuloso goleador metió un chanfle exquisito por fuera de la valla humana y la mandó al ángulo: 3-3. Estratosférica ejecución. El volcán ya lanzaba feroces bocanadas de fuego y lava. España fue más, mereció más premio que un puntito, chocó contra la antológica viveza de Cristiano Ronaldo. ¡Con qué poco logra tanto…! Tocó cinco veces la pelota y marcó tres goles. Y en el minuto 94 un cabezazo se le fue por poco; era el cuarto. Su ambición y su grado de concentración son antológicos. Están los 95 o 96 minutos que dura el juego pensando en cómo vulnerar el arco rival.

Todos saben lo que puede hacer, nadie logra evitarlo. Nacho, De Gea y Piqué deben estar masticando rabia. Ellos, como todo el fútbol mundial, lo archiconocen, saben que los puede birlar, pero siempre les roba la billetera. Un jugador que entra al campo en cada partido con frescura mental y física; siempre pensando en ganar, sea cual sea el adversario.

Los periodistas españoles se quejaron de Gianluca Rocchi, hablaron de una noche espantosa del italiano. Fue un arbitraje magnífico, acertado y valiente. Ojalá todos sus colegas del Mundial logren tal nivel de excelencia. No habrá necesidad de tanto VAR.

Partido grande, como lo esperaba el mundo. No solo no defraudó, fue más de lo que imaginábamos. Intuíamos que podía ser un Mundial de ensueño. Lo está siendo, al menos en el comienzo. Trece goles en los primeros cuatro partidos y fútbol para adelante, dos ítems que el público adora. (O)

F. El Universo

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