Campoverde, la pesista a la que le gusta la sangre

Angélica Campoverde Almeida se preparó con la meticulosidad que demanda una ocasión especial. Dos horas antes de que saliera el bus que la iba a trasladar de la Villa Suramericana al Coliseo Góver Suárez, empezó a tejer cuatro finas trenzas al costado derecho de su cabeza.

Se delineó los ojos,  rizó sus pestañas, se pintó los labios y llenó de rubor ambas mejillas. Parecía que iba a una fiesta, pero realmente se preparaba para afrontar, con total responsabilidad y concentración su primer torneo del Ciclo Olímpico.

Como constancia quedaron tres fotografías que subió en su cuenta personal de la red social Facebook antes de salir de su habitación y que se llenaron inmediatamente de comentarios y felicitaciones segundos después de que se convirtió la tarde del lunes pasado, con apenas 22 años, en la mejor halterista suramericana de su categoría (48 kg) al levantar un total de 168 kg (73 kg arranque y 95 kg envión), en los Juegos Cochabamba 2018.

A la medalla de oro que consiguió en estos Juegos, Angélica le sumó tres metales dorados más a su estadística ya que paralelamente, en Cochabamba, se realizó el Campeonato Suramericano de esta disciplina.

Este es, sin lugar a dudas, el mejor resultado de su carrera deportiva, pero no se conforma. Está convencida de que aún tiene muchos logros que entregarle al país. “Mis metas son altas, quiero clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y también ganar una medalla, ese es mi  más anhelado sueño”, sentenció sin tapujos cuando un grupo de periodistas bolivianos le preguntó sobre su mayor meta en el levantamiento de pesas.

Angélica fue asediada -el lunes- por la prensa boliviana, brasileña, colombiana y argentina. Nunca antes se había sentido tan “acorralada” con preguntas que iban y venían. Nunca antes había sido el centro de atención en un torneo internacional. Tanto así que por un momento pidió la asistencia de los voluntarios de los Juegos para que interrumpieran a los periodistas y que ella pudiera ir al control antidopaje.

Pero más felicitaciones la esperaban en los graderíos del coliseo Góver Suárez. Allí, sus compañeros de la selección ecuatoriana de levantamiento de pesas y otros referentes nacionales la esperaban con abrazos y felicitaciones. También el cuerpo de entrenadores y autoridades deportivas del país.

Sus inicios en las pesas

Esta deportista de Babahoyo, provincia de Los Ríos, empezó en estas lides casi que por obligación. El colegio Eugenio Espejo, donde estudió la secundaria, le exigía a sus estudiantes a practicar una disciplina. El año en que le tocó a Angélica cumplir con esa obligación solo se abrió levantamiento de pesas, así que no le quedó otra opción.

Empezó levantando barras pequeñas e incrementó poco a poco el peso. Le costó encontrarle sentido a este deporte e incluso estuvo alejada durante dos años, después de graduarse en el colegio. Pero los entrenadores de la Federación Deportiva Provincial de Los Ríos que habían visto en ella mucho talento, la convencieron para que continuara practicando. Actualmente, Angélica es la única de sus siete hermanos que se dedica al deporte de alto nivel.

Una de sus hermanas menores intentó seguir sus pasos e incluso fue seleccionada de Ecuador para un torneo suramericano en Lima, pero poco después quedó embarazada y se retiró de la actividad. Uno de los sacrificios más grandes que le ha tocado realizar por  el deporte es mantenerse largos periodos alejada de su familia.

Para competir en Cochabamba (Bolivia) estuvo cuatro meses concentrada en Guayaquil. Esas concentraciones alteran también su programa de estudios de enfermería. Cuenta que eligió esa carrera porque le gusta la sangre y la adrenalina.

Factos retiene el título en karate

Regresó segura y con la firme convicción de retener el título suramericano conseguido hace cuatro años en Santiago. La karateca Jacqueline Factos se subió a lo más alto del podio para recoger la medalla de oro en kumite -61 kg, pero esta vez en Cochabamba 2018 y al mismo tiempo clasificar a los Juegos Panamericanos Lima 2019.

“Le dedico esta medalla a mi equipo, a mi esposo a mi familia y de verdad a todo un país, yo les dije que iba a dejar alma, vida y corazón por una medalla, esta medalla la dividimos en pedacitos para cada uno de ustedes”.

Fue una final intensa la que mantuvo contra la peruana Alexandra Grande, pero la entereza de Factos pudo más, eso sumado a la barra ecuatoriana que se encendió en los graderíos con sus compañeros de karate y patinaje, pues llegó su hermana Ingrid Factos. “Hace cuatro años competimos el mismo día y a ella (Ingrid) yo la veo y me pongo a llorar, es un apoyo increíble y ella sabe cuánto luché y cuánto me lo merecía”. Con un 4-3 Jacqueline cerró el combate para celebrar con un grito de emoción el triunfo, mientras su hermana la felicitaba. Jacky no pudo contener las lágrimas mientras abrazaba a Ingrid.

Al mismo tiempo recibía las felicitaciones de sus entrenadores, el público y el presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano (COE) Augusto Morán. “Es una sensación indescriptible, había tenido algunos torneos malos, mucha gente dejó de creer que era posible, pero yo sabía, yo venía a defender mi título y trabajé en cada entrenamiento junto con mi entrenador Luis Valdiviezo, junto con mi esposo, trabajé en tácticas para enfrentar a las rivales y se vio reflejado, estoy increíblemente contenta de haber revalidado mi título”.

Y es que la pichinchana no venía atravesando un buen momento en sus últimos eventos. En los Bolivarianos 2017, la medalla también le fue esquiva. Sin embargo, en Cochabamba se mostró segura desde el primer combate en que venció a la venezolana Oriana Rodríguez, para luego despachar en semifinales a la brasileña Erica Castro. (I)

F. El Telégrafo

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